Personas refugiadas en Camerún ayudan a construir el "Gran muro verde" para combatir la desertificación

Los árboles plantados alrededor de las casas de las personas refugiadas pueden brindar frutos, medicamentos y sombra. - ACNUR/XAVIER BOURGOIS

MADRID, 23 Sep. (Por Xavier Bourgois, ACNUR) -

"Una vez que la hayas plantado, asegúrate de protegerla de los animales poniendo zarzas alrededor", aconseja Lydia Yacoubou, una refugiada nigeriana, a una joven refugiada antes de entregarle semillas germinadas de neem cultivado en el vivero que dirige en el campo de Minawao, en el noreste de Camerún. La niña sale corriendo, llevando a su hermano pequeño en la espalda y apretando la planta contra su pecho.

Lydia dirige su atención a otra docena de niños que han venido en busca de árboles frutales, acacias o moringas para plantar alrededor de sus casas. Con el tiempo, les brindarán frutos, medicamentos y mucho más.

"Los árboles nos aportan mucho", señala Lydia. "Primero, proporcionan la sombra necesaria para cultivar alimentos. Luego, las hojas y ramas muertas pueden convertirse en abono para el cultivo. Por último, el bosque atrae y retiene el agua. Las precipitaciones incluso han aumentado".

Minawao acoge a casi 70.000 personas refugiadas que han huido de la violencia vinculada a la insurgencia de Boko Haram en la vecina Nigeria desde 2014. En una región árida ya muy afectada por el cambio climático, la llegada de personas refugiadas aceleró el proceso de desertificación al cortar los pocos árboles de los alrededores para obtener leña.

"Es difícil describir la profundidad del impacto que la desaparición del bosque ha tenido en las poblaciones", comenta Zara Maina, Asistente de Terreno de ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados. "El precio de la madera ha aumentado considerablemente, provocando conflictos con las comunidades de acogida. Las mujeres se vieron obligadas a adentrarse en el monte para buscar leña, exponiéndose a posibles ataques. A los animales les resultaba cada vez más difícil alimentarse. Era crucial encontrar una solución".

UN PROGRAMA ÚNICO

Ante esta catástrofe ecológica y humana, ACNUR y la Federación Luterana Mundial (FLM) pusieron en marcha en 2018 un programa único destinado a revertir la deforestación en el campamento y las aldeas circundantes.

Las personas refugiadas recibieron capacitación sobre cómo utilizar la "tecnología del capullo", desarrollada por Land Life Company, para dar a las semillas germinadas la mejor oportunidad de sobrevivir en el entorno áspero. Consiste en enterrar un depósito de agua en forma de dona hecho con cartones reciclados que rodea las raíces de la planta y la alimenta mediante una cuerda que se conecta a la planta joven.

"Desde el comienzo del proyecto, se han cultivado 360.000 semillas germinadas en el vivero y se han plantado en más de 100 hectáreas", explica Abdul Aziz, Coordinador del proyecto de la FLM. "El campamento estaba casi deforestado, pero este proyecto ha ayudado a reparar la cobertura de vegetación".

El programa, financiado con una donación de 2,7 millones de dólares (USD) de la Lotería Holandesa del Código Postal, forma parte de la iniciativa del Gran Muro Verde, que pretende crear una barrera de 8.000 kilómetros en todo el continente para combatir la degradación del suelo, la desertificación y la sequía en el Sahel.

El proyecto también forma parte de una estrategia de ACNUR para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas a los campamentos de refugiados y preservar el ambiente local. El enfoque incluye la ampliación de los programas de plantación de árboles y de cocina limpia, la inversión en sistemas de energía solar y la reducción de los residuos plásticos.

YA SE NOTAN LOS EFECTOS

Los primeros árboles plantados hace cuatro años brindan ahora suficiente sombra para que las familias puedan cultivar, algo que antes no era posible.

"Antes, durante la temporada de sequía, el sol era tan intenso que todo se quemaba", recuerda Zara Maina, de ACNUR.

Visto desde el cielo, la evolución del lugar en pocos años es sorprendente. Un vídeo grabado en 2018 mostraba grandes extensiones de arena que rodeaban las construcciones y los alojamientos. Ahora el terreno está cubierto de vegetación. Sin embargo, el progreso sigue siendo frágil, ya que las personas refugiadas y la población local continúan necesitando combustible para cocinar y mantenerse calientes.

Para atender esta necesidad, ACNUR y la FLM están promoviendo fuentes de energía alternativas. Las familias del campamento pueden enviar sus residuos domésticos a los centros de producción de carbón vegetal, donde personas refugiadas capacitadas lo convierten en carbón que pueden utilizar en estufas especialmente adaptadas.

Abdul Aziz, de la FLM, afirma que el "carbón ecológico" ha reducido la necesidad de cortar árboles para obtener leña, así como las tensiones entre las personas refugiadas y la población local. Mientras los refugiados se ofrecen como voluntarios para trabajar en el vivero y plantar árboles, la producción de carbón se ha convertido en una fuente de ingresos para muchas familias.

Fibi Ibrahim, refugiada y madre de cinco hijos que vive en Minawao desde 2016, forma parte de una cooperativa de unas 100 mujeres que producen y venden carbón, y estufas adaptadas en Minawao.

"El dinero que gano vendiendo bloques de carbón me permite comprar jabón, condimentos y carne para complementar las raciones de la familia", comparte Fibi. "Espero que pronto, cuando haya ahorrado suficiente dinero, pueda abrir mi propia tienda en el campamento y satisfacer plenamente las necesidades de mi hogar".

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